Ser fotógrafa es habitar un umbral. Cada imagen es el espejo donde mi espíritu sana y mis recuerdos se revelan como fragmentos de un archivo íntimo. Mi práctica nace en la intersección entre lo documental y lo artístico: un territorio donde la realidad se expone y al mismo tiempo se transforma en metáfora. Trabajo con técnicas que atraviesan tiempos y dispositivos: del laboratorio analógico al digital, de cámaras centenarias a herramientas contemporáneas. Pero más allá de la técnica, lo que me guía es el gesto poético que transforma lo verosímil en experiencia subjetiva. Exploro el habitar, sus memorias y sus tensiones, en un diálogo constante con lo psicológico, lo social y lo etnográfico. Allí, en la frontera entre archivo y creación, mi mirada se hace testimonio y, al mismo tiempo, imaginación.