Hay miradas que extrañan
La mirada se despliega y altera lo habitual. Allí donde todo parece normalizado, aparece lo extraño: una grieta que nos recuerda que también la historia fue desfigurada, que hubo cuerpos arrojados por la colonización en la Patagonia argentina y que aún hoy permanecen como presencias ausentes. Desde que comencé esta serie nunca me interesó reproducir lo dado, sino desarmarlo con la mirada: producir lo indefinido, invocar objetos y territorios que resistan el canon de lo evidente. El extrañamiento se vuelve entoncesun lugar de memoria, un intersticio donde las imágenes pueden denunciar y, a la vez, abrir otros modos de habitar el mundo. Porque lo extraño no es sólo un recurso formal, es también una herramienta contra la normalización de la violencia, contra ese miedo que busca domesticarnos. Frente al miedo, mi obra apuesta por el asombro y la expectación: emociones que permiten aprender, recordar y volver a pulsar en lo olvidado. Lo extraño es la presencia de lo ausente, el eco de los cuerpos que la historia intentó borrar. Y que esa ausencia se vuelva visible, que el territorio se reconozca herido y que la imagen sea, ante todo, un lugar de ruptura y de insistencia.