Memorias imaginadas II
El filósofo Gilles Deleuze dijo en una oportunidad que aquello que se opone a la memoria no es el olvido, sino el olvido del olvido. El segundo elemento de esta poética es la repetición, la insistencia, el retorno: de los objetos, de los ambientes, de las texturas. Repeticiones que se producen en el interior de una misma imagen, en el interior de una serie y también de una serie a otra. Esa repetición nos habla de la insistencia de los recuerdos, pero también de la insaciabilidad de los vacíos y de lo inagotable que es la memoria. En esa línea, las imágenes que componen esta serie son cuadros dramáticos que demandan nuestra propia memoria e imaginación. Escenas cuyos vacíos serán llenados por imágenes originadas en nuestro propio olvido. No se trata del paisaje denso en el cual todo el espacio vacío fue eliminado, sino de un tipo de llenado que carga consigo el vacío. Porque una escena nunca es la reconstitución de lo vivido, sino que resulta de una amalgama; un puñado de recuerdos que arrastran en conjunto lo vivido y lo no vivido, lo imaginado, lo deseado, lo soñado. El vacío. Estetipo de imagen hace que ciertos recuerdos queden ligados entre sí, mediante el hilo de la memoria y del olvido, que por momentos resplandece y por momentos desaparece en el tejido de nuestras vidas. Ese hilo no es sino, aquel con el cual nos urdimos a nosotros mismos como sujetos. De este modo, las imágenes buscan también expresar la memoria fragmentada de las personas que poblaron de una u otra manera distintos lugares; pretenden abrir vías de acceso provisorias a nuestra propia vida interior. En un plano más general, intento además hablar de cuestiones fundamentales acerca de identidad, la pertenencia, las relaciones humanas y la inquietud por descubrir aquello que la realidad oculta. La materia primordial de mi flujo creativo es el territorio misterioso de la subjetividad. Se trata entonces de desplegar la intimidad hasta que nos enfrentemos con la distancia que allí vive en secreto. Distancia de aquello que está cercano a nosotros. Distancia de aquello más íntimo, donde se guarda, misterioso, casi irreconocible, nuestro “origen”.