Tomar cuerpo
Post Fotografía digital. Modificación de vectores digitales. Rayografías Por George May El trabajo fotográfico de Fernanda Rivera Luque que reúne con el nombre de Tomar cuerpo continúa con la rigurosidad, el detalle y la expresión que forman parte de su propio lenguaje a través del tiempo. Sin embargo, la permanencia de sus rasgos más característicos parece haber sido atravesada por un efecto que trastocó las imágenes y, al mismo tiempo, las posibilidades de ser percibidas. La producción de estas fotografías, vinculadas a una temporalidad muy específica, da cuenta de la experiencia de transitar una pandemia o, más bien, cómo continuar a pesar de ella. Situaciones traumáticas siempre dejan huellas y en estas reproducciones está la presencia del rayo que confunde todo para siempre, como una cicatriz imborrable. Este sustrato propiciará, de modos más o menos conscientes, con diferentes modulaciones, el clima de su obra. Desde lo puramente técnico de estas imágenes entendemos que, si bien fueron producto de la operatoria digital, la exposición de la copia a la luz durante el revelado invierte los tonos de la representación de modo tal que las zonas oscuras se vuelven claras y las claras se oscurecen. El universo de la fotografía en general nos permite verificar que la fuente de luz imprevista, sin posibilidades de ser controlada, cambiará para siempre el devenir de los registros capturados. El rayo y la pandemia revelaron la inversión de los tonos de lo que vemos, resignificando la tensión luz/oscuridad. De alguna manera la percepción del mundo en tiempos de COVID se adhirió a estas imágenes a partir del efecto de trastrocamiento que registran los colores y precisamente esto, nos permite pensar que esta secuencia visual se conecta con la trama de experiencias que, a lo largo de los siglos, la humanidad ha conocido a causa de distintas pestes. Así esta obra nos señala que conocer también es recordar. Para la autora es un primer ejercicio, un primer paso, atravesado por la pulsión vital, en un modo desconocido de continuar, a partir de las huellas de este mundo contaminado, como registro histórico de esta época, para ingresar a la red de sucesos que se conocen porque perviven en las distintas artes. En este orden de ideas, Tomar cuerpo se conecta con el reconocimiento de la vulnerabilidad de la propia naturaleza humana, con la precariedad de nuestra existencia en contacto con los otros, que en un pestañear, cambió de signo. Las conexiones con nuestros entornos inmediatos fueron alteradas a la velocidad del rayo, de manera drástica. Un confinamiento con impacto en los cuerpos y sus devenires cotidianos que los desafectó de innumerables vínculos. Sin embargo, las fotografías nos acercan al ejercicio de develar la inseguridad de la condición humana, de la vida, en una coyuntura en la que todos deambulamos en la oscuridad sin saber qué y cuánto tendremos que sufrir. A partir de este contexto se enfatiza el gesto de Rivera Luque en el método de la expresión de lo que está no revelado para sacarlo a la luz, aún con la compleja administración que permite el efecto de un rayo, en un proceso de descubrimiento para (re)conocer. Este trabajo se orienta a interpelarnos desde la incomodidad de lo que nos abruma y no termina de sellarse en el pasado. Al mismo tiempo contiene, en clave, la indagación del conocimiento que nos habilita a recordar cómo sobreponernos al desequilibrio que percibimos en nuestro entorno, que fue crudamente expuesto por la peste. De este modo, la epidemia, como analogía del rayo en el revelado de las fotografías, luego del destello, invirtió los tonos de las imágenes y, paralelamente, contribuyó a iluminar la presencia de los paisajes desoladores que nos rodean.