Desidia.
Un lugar invisible en el espacio más estático que tiene el olvido. Borges argumenta que en el pasado las distancias son siempre mayores porque ellas aumentan con el tiempo. Podemos decir que ayer fue más que hoy, que tuvo más duración que el presente porque ha pasado. El horizonte es una acción estática. Es una entelequia, es una fundación de algo que sucederá. El tiempo y el horizonte se perciben como una sombra que nace siempre en movimiento. El tiempo es quien se encarga de unir las partes, no el que se acciona con el disparo de una cámara, ni el que se desprende del instante de frenesí del pensamiento cuando tomamos una decisión. Si no aquel que ya hace rato, en su pasar continuo, inevitable y forzoso produce la unión, se junta, se mezcla, se profana, se enreda, se conecta. En ese recorrido que tiene el tiempo, todo se va haciendo materia, y en su sin número de posibilidades genera vida y muerte. Pero también crea el caos y el azar. Dentro de un espacio se puede producir ese cruce entre el cielo y la tierra, entre el recuerdo y el hoy, entre el entender y el descubrir. Pero también podemos tener tiempo y movimiento en el espacio: los caminos que recorremos en el tiempo siempre son móviles, aún en la quietud los átomos transpiran. Un lugar puede darnos eso, la presencia de esos momentos ya idos y presentes que se paralizaron contando una historia. El tiempo es el gran bibliotecario.